El Colectivo de La Guarura Impresa hace sonar su guarura frente a la
censura mediática que hoy en Venezuela −y usurpando la verdadera esencia de la
revolución bolivariana− intentan algunos funcionarios del poder constituido,
silenciando la voz de periodistas y de compañeros de luchas que alzan su palabra
de denuncia, alerta o rebeldía contra situaciones injustas que sostienen el
mismo orden estructural capitalista. Por ello, y porque consideramos que es
digna de atención esta perspectiva, reproducimos el escrito que sobre el suceso
en el cual casi pierde la vida el compañero Eduardo Samán, escribe el
periodista Alberto Nolia.
Texto que en la red
electrónica acompaña al escrito de Alberto Nolia.
Cianuro en gotas apareció en
diciembre de 2001, cuando la debilidad mediática del chavismo era absoluta. Lo
elaboraba la misma Unidad de Análisis que aún ayuda en su preparación.
Actualmente, hay un cerco electrónico contra el periodista Alberto Nolia,
promovido por Tareck el Aissami, quien intenta silenciarlo en los medios
digitales, tras haber logrado el cierre de Los papeles de Mandinga en VTV. Es
un claro e inconstitucional intento de censura por parte de un funcionario.
Para romper ese cerco, agradecemos que envíe este texto a su lista de correos, esté o no de acuerdo
con su contenido.
Texto de Alberto
Nolia: Cianuro en gotas.

Resulta risible que se realicen
tareas para desarmar a los ciudadanos decentes, que portan armas registradas
legalmente, cuando los atracadores llevan incluso granadas para perpetrar sus
fechorías. Si no fuera por la cantidad de muertos, sería de soltar la
carcajada.
Otro muestra de la incapacidad
para desarmar a la delincuencia y la cobardía vergonzosa de muchos funcionarios,
se ve en los entierros de delincuentes. Cada vez que le dan su merecido a un
hampón, al día siguiente se producen incidentes espantosos. Decenas de sus
“colegas” en moto acompañan al féretro. En plena vía pública, sacan el cadáver
de su ataúd, bailan con él, realizan centenares de disparos al aire con armas
cortas o largas y, como colofón, aprovechan que trancaron el tráfico para
atracar a quienes se desplazan en los vehículos y tuvieron la desgracia de
tropezarse con ese aquelarre. Pero lo realmente oprobioso es que las
autoridades no sólo no intervienen, sino que los jefes policiales ordenan a sus
subalternos no estar cerca de la ruta previsible del cortejo fúnebre.
Obviamente, esos funcionarios cobardes podrán robarle su arma a las personas honorables,
pero no a los hampones, ni siquiera a los que están presos.
Si algo caracteriza a Fedecámaras
es el cinismo de sus voceros y la desvergüenza para mentir. Jorge Roig, el capo
de ese organismo, tuvo los riñones de decir que “Fedecámaras no sabe nada de
guerra y los empresarios sólo saben producir”. Ese bichito por lo visto se
olvida de que Pedro Carmona Estanga, cuando era presidente de Fedecámaras,
dirigió la guerra económica que culminó en el golpe de Estado de 2001. En la
actualidad, numerosas empresas están dejando al país sin alimentos y otros
rubros esenciales, porque están enfrascados en una guerra politiquera. Por
último, Roig debería recordar que dos de cada tres afiliados a Fedecámaras no
producen absolutamente nada: son comerciantes e importadores.
Si en Venezuela funcionara el
sistema de justicia, Henrique Capriles, el Enchufado Oral, ya estaría tras las
rejas. Y no por los asesinatos que cometió cuando ordenó “drenar la arrechera”,
pues, en definitiva, es casi imposible probar su participación directa en ese
plan. Lo que sí está probado es que se reunió con los capos de la embajada
estadounidense, incluyendo Kelly Keiderling, para conspirar contra el país,
planificar la guerra económica y desatar guarimbas u otras acciones violentas.
Esa misma delincuente gringa expulsada de Venezuela confesó que se reunía con
los jefes escuálidos, tal y como fue detectado por los organismos venezolanos
de inteligencia.
El Ministerio Público tiene
paralizados los juicios contra capos de medios de comunicación. Sin duda que
personajes sórdidos como Leocenis García y Miguel Henrique Otero habrán
repartido jugosos “argumentos” para lograr que sus juicios estén engavetados,
pese a la abundancia de pruebas. Mucha gente ignora que Leocenis y Bobomán son
socios en numerosos negocios y realizan chantajes en común, dentro y fuera de
Venezuela. El chivo de El Nazional incluso amenazaba a la gente con montarles
una campaña de descrédito a través de los medios controlados por Leocenis
García.
Un tema rara vez tocado es el de
los “colaboradores” de Leocenis García. Personajes de siniestra catadura
escribían en las publicaciones de ese chantajista, pese a que era de
conocimiento público su condición hamponil y como brazo financiero de los
pranes de al menos dos cárceles: Tocuyito y Vista Hermosa (Ciudad Bolívar).
Bichos como el cura Luis Ugalde, el Vámpiro Antonio Ledezma, Asdrúbal Aguiar
(que huyó a Argentina con su esposa por los fraudes que ambos perpetraron
durante el gobierno de Caldera), el chulo Antonio Sánchez García de Bravo, el
traficante de Cedice Trino Márquez, el Padrinetto Giuseppe Giannetto o el
abogaducho financiado por EEUU Gonzalo Himiob. Ninguno de estos rufianes
explican sus nexos con un delincuente como Leocenis García o si cobran por sus
“colaboraciones”.
Muchas personas andan moviéndose
para que dejen en libertad a un asesino peligroso llamado Iván Simonovis. Este
canalla fue el principal ejecutor del asesinato de 19 personas durante las
horas previas al golpe de Estado del 11 de abril. Ya otros canallas de similar
catadura, como Lázaro Forero, están en libertad absoluta, sin rendir cuentas y
sin que nadie sepa cuál es su situación legal. Al Forero, despreciable asesino
de personas inermes, lo dejaron libre por estar enfermo. Afortunadamente se curó,
pero no retorna a la cárcel, por obra y gracia de nuestro escualidísimo
Ministerio Público. Simonovis busca la misma jugarreta y ya han repartido
generosos sobornos para que lo suelten.
Más de 300 personas murieron
ahogadas a escasa distancia de la isla italiana de Lampedusa. La gigantesca
tragedia afectó a emigrantes africanos que intentan llegar a Europa. Cada año,
miles de personas corren igual suerte, huyendo de la pobreza en que el
capitalismo tiene sumido al continente negro. Los medios de comunicación casi
ni mencionan estos hechos, pero le dan primera página si a Estados Unidos llega
una embarcación con cubanos, a pesar de que los balseros van de muchas partes
de Latinoamérica, especialmente Haití, República Dominicana, toda Centroamérica
y hasta de lugares muy alejados, como Colombia y Ecuador".
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