Por Víctor Andrés Gómez Rodríguez

Julio César
Guanche.
Una incidental. Moreno
Fraginals aportó a la historiografía cubana y de Nuestramérica un ensayo esencial para el estudio de la dominación capitalista,
partiendo de un análisis crítico de la sociedad esclavista: El Ingenio, que,
por cierto, exige mucha más difusión y estudio. Allí el prestigioso
investigador rescata un término salido de la cotidianidad de las dotaciones de
esclavos: el que parte, o pica, el bacalao, que designaba al individuo
casi siempre esclavo, que tenía la misión asignada por el esclavista de
repartir las raciones de comida entre la dotación. En un mundo de insoportable
promiscuidad y esclavitud carcelaria, repartir las magras raciones de comida
implicaba un porciento no despreciable de poder de un sometido o vencido, sobre
los otros semejantes. El término pasó a la acumulación cultural –que no es
selectiva[1]-, cubana. Servir de
intermediario entre el poder (la dominación) y los sometidos, equivale a una
porción, aun si exigua, de ese poder; a un consenso.
Recordemos a la hegemonía
desde la perspectiva de Gramsci: es un equilibrio entre fuerza y consenso.
Precario, inseguro y breve
como un armisticio, pero superioridad sobre los otros. En este caso mediante el
control sobre algo indispensable a la sobrevivencia como lo es la comida. El que parte el bacalao, no manda sobre libertad alguna; ni siquiera sobre
la suya, pero puede decidir sobre quién vive más o vive menos tiempo, quién se
alimenta y quién no.
Cinco siglos después, bajo
la hegemonía capitalista angloestadounidense, un modo de dominación secular,
que no fue inventado por los yanquis es utilizado hasta la sofisticación por
ellos; hasta el punto de invisibilizar, si es menester, al designado para partir o picar el bacalao. En un mundo donde se produce suficiente “bacalao” con que eliminar la hambruna -si esa producción no contribuyese al
acopio parásito de plusvalía en función de esa acumulación social autónoma de
la que habló Chesnais[2]-, sencillamente la comida la incineran, la botan al mar o la “desaparecen”
en dirección hacia otro punto útil para dicho acopio. El consenso global
impuesto por esa hegemonía imperialista, incluye a la pasividad y la tolerancia
de la hambruna –no el hambre, que puede ser circunstancial y durar
relativamente poco-, que es concomitante, que desgasta y posee fluctuaciones
que llevan a una perenne desesperación psíquica en el desamparo social. Es la
misma hambruna que factura un pueblo de obesos por malnutrición, o de famélicos
por desnutrición.
Casualmente, a estas horas
Evo Morales, Presidente de la República Plurinacional de Bolivia, en el acto de
asunción pro-témpore de este país al frente del Grupo de los 77 + China, en la sede de la ONU,
vapulea a la “prestidigitación” imperialista de la comida, cuando las
transnacionales capitalista y ciertas organizaciones “no gubernamentales”, poseen
la misión de “picar el bacalao” en representación de la
plutocracia global. Es posible que la quinua esté en riesgo, si demuestra que
su producción y comercialización pueden servir a esa potencia social autónoma
en que ha devenido el capital.
¿Cuál es la relación entre
la “jama”, el condumio, y el
consenso impuesto por la hegemonía capitalista?
Dicho consenso establece
que, si se está en contra del “excepcionalismo” angloestadounidense y sus
intereses imperialistas, se pasará hambruna. Fuera del consenso capitalista se
estaría en medio de un desierto saturado de vidrieras abarrotadas de mercancías;
espejismos a los que se les pasaría la lengua del lado de afuera de ese
consenso. Tales lameos –no confundirlo con los chistes idiotas del
cubano-miamense Álvarez Guedes-, pueden facturarse a modo de “cosas”. Estando
quienes “parten el bacalao” del lado de adentro del
consenso burgués, pueden, autorización previa, tirar al desierto a través de
esas vidrieras espejismo, “cosas” “equivocadas”. Un freezer,
un televisor pantalla plana, un par de zapatillas de marca, un hit musical de la moda pop, una celebridad farandulera del “timguareo” popular, un pulovito con símbolo “americano” impreso, una telenovela
rosa, alguna piedrecita de “crack”, ambrosías de la moda femenina en la nocturnidad eterna del capitalismo, que usan
aquí las mujeres comunes y corrientes, a cualquier hora del día, en homenaje a
la patrimonialidad machista heredada del liberalismo burgués[3]; confituras endulzadas con
ciclamato, una deliciosa hamburguesa confeccionada con carne de animal
indescifrable, algún que otro latón de desperdicios abarrotado de restos de
comidas; y convocatorias. Muchas convocatorias a la violencia con que enganchar
en el aire todo lo que lancen desde adentro de ese consenso.
Los organismos internacionales
y reuniones selectas de la plutocracia global regente deciden si “te doy, o no
te doy” algo que no nos haga falta para el acopio de capital. Y como vadeamos
una época extensa e intensa de crisis, casi siempre sólo “regalan” promesas si
uno cambia y se somete al consenso. Frecuentemente quienes pican el bacalao son sustituidos por otros, a veces peores, incluso
algunos que huyeron del desierto.
En esta era de
digitalización y supra-simbolización tecnológica capitalista, la repartición
del bacalao puede regularmente ser
virtual. Por esa razón, quienes se pasan al interior del consenso, en no pocas
ocasiones ni siquiera viven físicamente allí, ni distribuyen o pican algo real.
Sino que tratan de desguazar las alternativas contra el sometimiento al consenso
imperialista. Son “picadores del bacalao virtual” –asignados o
autoasignados-que se especializan en promover la desconfianza contra esas
alternativas, en pintar paisajes de desolación para que sean consumidos del
lado de afuera del consenso imperialista. En criticar al “poder del Estado
fallido” que se erija al margen del consenso. En deslegitimar al pueblo
políticamente organizado que establezca una relación de empoderamiento, en
democracia soberana, con un Estado fortificado en los poderes sociales. Es decir, cuando no es el
fruto del consenso entre Estados burgueses, protectores de la acumulación
parasitaria capitalista. Esos “picadores del
bacalao virtual” van adquiriendo cada vez más importancia, cuando ese acopio
imperialista tiene menos disposición para desengarrotarse. Y dar “algo” de lo que le esquilmó a las mayorías
que mantiene en el desierto del no consenso.
Los peores “picadores del bacalao virtual”, no están físicamente
dentro del núcleo del consenso; sino en tarimas de la parte de afuera coincidiendo
con las hendijas por las que se puede desertar de esas alternativas al consenso
imperialista. La fortaleza esencial que aún conserva la hegemonía imperialista,
está en ser dueña absoluta y “abstracta” del esquilme y la
exclusión globales; propietaria de la hambruna de los otros en mayoría.
Mientras dentro de esas
mayorías haya gentes que se “atrabanquen” los unos contra los otros por ser
más, o menos oscuros de piel, por confirmar una euro-descendencia que les
alivie de la exclusión, por aplastar al de al lado en busca del “éxito”
personal, por tratar de “mandar” sobre su vecino también hambriento, por huir
desesperadamente del desierto hacia ningún sitio que lo salve; por deslastrarse de otros con los que podría empoderarse
y desmantelar al desierto y al consenso imperialista mismo. Y sobre todo, por
su ferviente participación en la “arrebatiña” cruenta de unos contra los otros,
por fildear como en las Grandes Ligas alguna “cosa” de las que tiren al
desierto desde el núcleo del consenso imperialista. Y por malversarle al otro o
los otros, lo que les toca de la distribución, lo más equitativa posible,
dentro de las alternativas a ese consenso imperialista, seguiremos sometidos,
pero excluidos de consenso alguno.
Los Estados imperialistas
que forman parte del consenso de marras, acusan fervientemente a las
alternativas contra el capitalismo de injusticia y de aplicar políticas
fallidas, de inhumanidad, de indigencia civilizatoria. Lo revolucionario debe
limitarse al progreso tecnológico y tecnocrático dentro de las normas del
consenso imperialista.
Así es que el problema de
consenso no es un asunto de Estado; ni siquiera del estado de preñez. Es un problema político de socialización del poder a reproducir a través del
pueblo políticamente organizado, sobre el Estado. “Al socializarse el poder, el consenso pierde el sentido de objeto de
culto [para controlar, por ejemplo, el acceso a la comida; quién come y quién
no, quién vive y quién no] que tiene en la
teoría política occidental, pues lo fundamental no es el consenso sino la
participación en la elaboración de la política y en el control sobre ella.” Es la expansión permanente
del régimen político –el pueblo políticamente organizado y empoderado-; de la
ciudadanía bajo condiciones socialistas.
La dominación imperialista
excluye a las mayorías; ya hasta en los sueños del capitalismo temprano las
había enviado al desierto de la exclusión fuera del consenso burgués. Todo
parece, pero en realidad no es; parece que se está adentro mediante el consumismo,
pero en realidad les está exprimiendo el
kilo desde afuera. Parece que reparte algo de la plusvalía esquilmada a
esas mayorías, pero solo invierte en el marketing de sus mercancías. Parece que
aporta en ayudas humanitarias, pero en realidad práctica modos más sofisticados
de genocidio. Paga a “hermosuras caprilescas” o “posadacarrilescas” u “obamescas”,
para que les sirvan de “picadores del
bacalao”, y terminen distribuyendo solo promesas y fotos digitales de
suculentas cenas imperialistas, que ocultan la inseguridad social y las
masacres.
Acusan al gobierno
revolucionario de Cuba de matar a la gente de hambre y no desarticulan al acoso
y a la guerra económico-política impuesta desde hace más de medio siglo contra
un país pobre; a Evo Morales de incivilizado y productor de coca/ina, A Correa
de “loco perverso”. Cercan a Venezuela bolivariana esperando que Maduro se
limite a bajar los precios de la pacotilla, para ellos encontrar otro mecanismo
con que volver a esconder la “jama” y continuar la desestabilización
social, desmantelar a la revolución bolivariana y hacerse, nuevamente, dueños
rentistas del petróleo de la boca del
pozo para arriba y de la boca del pozo para abajo. ¡Cuidado, hermano Maduro
Moros! “¡ni un tantico así!” No pueden permitir consenso posible dentro del
ALBA o la CELAC. Esos consensos no sirven a los intereses del capital
imperialista; entonces no son legítimos. Lo válido es que México le “done” su
petróleo al Departamento de Defensa y al Complejo Militar Industrial de EE.UU.;
que se fortalezca el tratado del Atlántico entre Perú, Chile, México y Colombia
dentro del consenso imperialista, a ver si “jode” a la CELAC, cuando Cuba tiene
la presidencia pro-témpore. Como decía la abuelita materna de mi esposa “ahora que la están peinando”.
La “disidencia fraternal”
que padecemos debe caber en la democracia, pero no puede picar el bacalao con dinero y bajo protección del consenso
imperialista, porque entonces deja de convertirse en disidencia y pasa a la
ilegalidad contrarrevolucionaria. De esos aspirantes a “picadores” de cualquier cosa capitalista los tenemos profesionales con premios
internacionales, sin premios ni locales; a “voluntarios de la Brigada Bondadosa”.
Y a infelices malversadores que intentaron –simulando- escapar del desierto a
donde el imperialismo destierra a las mayorías, robándole descaradamente a los
de su misma situación social.
Alabado Moreno Fraginals, a
pesar del “destino” que lo llevó a morir en Miami. Su obra quedó aquí sirviendo
a la implementación de las alternativas que desmantelen al consenso
imperialista de la hegemonía capitalista actual. Al margen del pueblo
políticamente organizado y empoderado en democracia en su relación con, sobre
el Estado, lo que resta no es más que ese desierto; que ni arena tiene ya
debido a los daños del capitalismo contra la biosfera. Hace mucho que hasta lo
más tontos de esas mayorías, históricamente excluídas, saben lo que no quieren.
Un televisor pantalla plana ni un auto, se mastican. El
ciudadano es el dueño del trabajo con que pagar su propia comida, su vida; sin
intermediarios.
Desde el litoral oeste de la Habana, marxista,
revolucionaria, martiana y bolivariana. 09/01/2014
[1]
Asumimos lo dicho por Fernando Martínez Heredia para dilucidar el concepto de acumulación de lo cultural: «La cultura
nacional alberga y expresa una riqueza de rasgos y elaboraciones propias,
hechas con los más disímiles materiales y modos, por los más diversos grupos
sociales, en depósitos sucesivos y simultáneos. Esa acumulación cultural es la
que opera en cada época y en cada coyuntura; en ella se inscriben todos los
aspectos y casos particulares, con sus complejos de relaciones e
interacciones». Fernando Martínez
Heredia, El corrimiento hacia el rojo, Editorial de Ciencias Sociales, La
Habana, 2001, p. 68. En: Víctor Andrés
Gómez. Signo del prejuicio en un modelo de cultura: imagen versus
semejanza. Revista TEMAS. no. 65: 85-93, enero-marzo de 2011. Pág. 85
[2] "El
capitalismo tal como lo comprendo hoy en día. La comprensión del capitalismo
supone primero caracterizarlo correctamente. El capitalismo no es simplemente
un sistema desigual e injusto, un sistema marcado por disfuncionamientos,
puesto que reposa en la propiedad privada y en una apropiación masiva de
trabajo no pagado que adquiere principalmente la forma de una plusvalía que
nace en la empresa capitalista. No se puede analizar tranquilamente las leyes
de desarrollo y estudiar las contradicciones "a distancia", con un
"objetivismo" económico que haga lo mismo que los economistas
neoclásicos. El movimiento del capitalismo está ordenado por una potencia
social particular, es decir, una gigantesca acumulación de dinero convertido en
"capital" o que aspira a serlo. Esta potencia social tiene dos
particularidades. Primero la de autonomizarse frente a la sociedad, alzarse
frente a ella, a medida que se refuerza gracias a largas fases de acumulación
ininterrumpidas (como la que se inició durante la Segunda guerra mundial). Y después,
la de ser incapaz de concebir que su expansión pueda tener algún límite. François Chesnais. Un año después del
crack bancario y financiero. Rebelión. Sección: Economía. 29-12-2009. http://www.rebelion.org/
[3] "Estamos
tan metidos en nuestras vidas que no nos damos cuenta. En Alemania, alguien me
dijo que en Cuba las mujeres se visten como prostitutas, y efectivamente, la
ropa que se usa aquí, en aquellos lugares es de prostitutas. Pero en América
Latina también lo es, o sea, la idea de la muchacha, de la profesional que sale
con una minifalda no es lo normal. Aquí se ha producido una transformación
efectiva de las relaciones eróticas y de los modelos de representación
eróticos, y de la autorrepresentación de la persona desde el punto de vista del
erotismo, mezclado con la tradición de un país, a mi juicio, en ocasiones
asfixiantemente machista, en el cual este cambio que la Revolución propició va
en paralelo, o está en continua colisión, con las mitologías que arrastramos
del machismo criollo. No existe un «machistómetro» con el que medir esto, pero
el nuestro es de una fuerza increíble." Víctor Fowler Calzado. En: El
erotismo en la cultura. Panel de discusión realizado el 24 de abril de 2008, en
el Centro Cultural Cinematográfico ICAIC. Revista TEMAS.
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